Dennis O’Neil falleció el pasado 12 de junio de 2020 a los 81 años de edad. Durante una carrera de poco mas de cuarenta años que lo tuvo oscilando entre Marvel y DC, Denny O’Neil se convirtió en uno de los nombres mas importantes del cómic de superhéroes. Como una manera de recordarlo, vale la pena plantear la pregunta sobre las razones de su importancia y darle una mirada a esas razones.

El hijo de de una familia católica de St. Louis que pasó por la armada de EEUU y trabajaba como columnista en un periódico de Cape Girardeau, Missouri, O’Neil llegó al cómic de superhéroes tras llamar la atención de Roy Thomas, editor de Marvel a finales de los años sesenta quien le sugirió que tomara la prueba de la editorial para escritores. Después un breve paso por esta y la ahora difunta Charlton Comics, Denny O’Neil llegó a DC Comics en 1968, siendo esta la editorial donde construyó su legado. O’Neil llegaría a DC gracias a Dick Giordano, su editor en Charlton quien decidió llevarse a algunos de sus colaboradores al aterrizar en su nuevo cargo, dándole una libertad creativa cuyos resultados se empezaron a ver pronto.

La obra de Denny O’Neil con personajes como Batman, la Mujer maravilla, o Linterna verde demostraría una de sus principales fortalezas: El venir de una profesión como el periodismo y su capacidad de ver al cómic de superhéroe desde la perspectiva de un observador externo. En el caso de Batman, logró darle un giro de 180 grados con respecto a la dirección que llevaba a finales de los sesenta y que estaba influida por el camp y por la serie de televisión de la época. O’Neill tomó como punto de partida la naturaleza pulp de Batman y el Guasón dejó de ser un bromista irritante para ser un demente que asesinaba cuando le parecía chistoso, creó historias de terror gótico en las que Batman era una figura melancólica que inspiraba asombro y terror y aprovechando el referente en el que se había convertido James Bond para ese entonces, insertó elementos mas exóticos y de intriga internacional, como fue el caso con Ra’s Al Ghul, una mente maestra del crimen que ve en Batman un digno rival e incluso, un sucesor a su imperio con Talia, su hija, como consorte.

Mientras que su trabajo en Batman exploró posibilidades estéticas, con Linterna verde y Flecha verde Denny O’Neil pudo explorar preguntas alrededor del estado de la justicia social en EEUU durante los años sesenta y setenta, con lo que el cómic de superhéroes muestra que no solo es un entretenimiento sino que puede plantear preguntas relevantes y acercarse a un potencial no explorado hasta ese entonces. O’Neil emparejó a Linterna verde, quien esencialmente es un policía y un representante del establecimiento con un Flecha verde que dejó de ser un Batman de bajo presupuesto para convertirlo en un vocero de puntos de vista progresistas y que señalaba la ceguera de Hal Jordan en su uniforme frente a los problemas que encontraban juntos.

Flecha verde denuncia al racismo estructural de los EEUU, llamándolo un cáncer moral que ha podrido el alma de la nación y cuando Linterna verde es confrontado por un hombre negro que le reprocha sus omisiones con la población negra, Denny O’Neil expone al lector a la idea de que existe tal cosa como un racismo estructural, la idea de que hay ordenamientos sociales diseñados para oprimir a la población negra y que no se necesita tener una máscara del KKK para ser complice de dicha opresión. Cuando ambos héroes encuentran a Speedy, el asistente de Flecha verde sumido en la dependencia de la heroína, O’Neil planteó en sus lectores la idea de que el consumo de drogas no es un defecto de personalidad sino un problema de salud pública que debe ser atendido desde el cuidado y no desde el castigo.

Aun en los momentos donde no logró lo deseado, la obra de Denny O’Neil demostró puntos importantes sobre la manera en la que el cómic de superhéroes puede y debe ser mas representativo e incluyente. Al abordar a la Mujer Maravilla. O’Neil tomó como referente de nuevo a James Bond y operó bajo la suposición de que tenía mas sentido mostrar una mujer con habilidades terrenales. Bajo esa lógica, O’Neil hizo que fuera desheredada por las amazonas, abandonó su uniforme y la convirtió en una especie de ángel de Charlie que luchaba contra el espionaje internacional al lado de su maestro ciego I-Ching. Todas estas decisiones fueron cuestionadas por autoras como Gloria Steinem, quienes señalaron con razón que las decisiones de O’Neil desempoderaron a uno de los pocos referentes que tenían niñas y mujeres de una mujer poderosa, enseñándole a O’Neil y a los creadores de cómic de superhéroe una lección importante: La inclusión y la diversidad importan siempre. Si queremos contar historias de personajes que no sean hombres heterosexuales blancos, debemos darle cabida a creadores y creadoras que estén fuera de esas categorías.

Aunque los años ochenta fueron el momento en el que el cómic de superhéroes llegó a un estado de madurez y mayoría de edad, ese es un proceso que no llegó de buenas a primeras. Fue una madurez gradual que arrancó con autores como O’Neil y su perspectiva que sacó al cómic de superhéroe del mero entretenimiento y lo convirtió en una plataforma de expresión artística relevante.